Siempre he experimentado dificultades en el ámbito de las relaciones, llegando a convencerme de que era normal pasar desapercibida y de que la atención de los demás no se dirigiera hacia mí. Aunque esta percepción se había arraigado en mi vida, generándome malestar, finalmente me di cuenta de que no tenía porque normalizarlo y que podía deshacerme de ese malestar y ser quien yo quería ser.

 

 

 

 

 

 

En diversas ocasiones, adoptamos comportamientos que, al observarlos en otras personas, nos llevarían a cuestionar su normalidad. ¿No es el momento adecuado para reflexionar y preguntarnos por qué aceptamos lo que consideramos inaceptable en otros? Este fenómeno está fuertemente influenciado por nuestra historia vital y las experiencias que han moldeado nuestra percepción de la realidad.

Ya sea que estemos asumiendo comportamientos y definiciones que “teóricamente” nos resultan negativos o que estemos experimentando síntomas físicos de ansiedad, como palpitaciones, sudores, problemas para dormir, o síntomas de depresión, como períodos de bajones, ingesta compulsiva o reducción de esta, algo subyace en la raíz y no estamos siendo conscientes de ello.

¿Por qué normalizamos tener un ataque de pánico o tener bajones recurrentemente? es crucial analizar nuestros patrones de comportamiento y reconocer si estamos perpetuando actitudes que nos limitan en cualquier ámbito de nuestra vida. Con frecuencia, estos patrones tienen sus raíces en experiencias pasadas que han dejado una huella en nuestra autoestima y confianza.

Conocernos a nosotros mismos nos brinda la oportunidad de desafiar creencias limitantes arraigadas en nuestra mente. Yo me preguntaría: ¿estoy asumiendo que la gente no se interesará en mí sin razón aparente? ¿existe alguna experiencia pasada en la que me sentí desprotegida que pueda explicar mis síntomas de ansiedad actuales? Si bien es cierto que no hay una explicación única para todo lo que estamos experimentando, es un excelente primer paso hacia la comprensión de nuestras complejidades.

Cuando reconocemos que lo que estamos experimentando no es algo que debemos asumir como parte intrínseca de nuestra identidad y, sobre todo, cuando lo identificamos, puede ser el momento adecuado para buscar ayuda. Esto no solo representa un acto de reconocimiento y aceptación, sino también un signo de fortaleza interior. Comenzar tu proceso de terapia es un síntoma de amor propio, puedes pedir tu cita aquí.

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